YA amanecía y seguíamos charlando.
Siempre miras todo con optimismo y esperanza porque sabes que el ser humano tiene esa predisposición, postura inclusora que nos conecta con el universo.
Y no digas que es cuestión de encontrar el equilibrio solamente, no digas que hay que dejar de lado los fanatismos, las exacerbaciones, salir de los extremos para por fin caer en el centro para no ser aberrantes en esta vida.
La vida misma que tú defiendes con garras de leona, la que nos hace conscientes de nuestra propia existencia, es potencia, idea de trascender.
No por ser mujer tienes en tus manos y tu mente la más codiciada de las virtudes. La tienes porque alguien lo quiso, por merecido, por innato. Es parte de tu naturaleza.
Ante ti estoy indefenso. Siento que no es necesario perder para recuperar. Que la alegría de que coincidamos en este camino nos libra de todo conflicto pasajero, que ya la muerte no es la asidua compañera de las noches y la esperanza no está perdida, sino que, reencontrada, sale a tu encuentro en cada esquina del Cerrito.
Porque eres la síntesis, y aunque no lo quiera, hemos ganado el oportuno servicio de desestimar los arquetipos, de reivindicar esta nueva conciencia de cuerpo, de recuperarlo; y recuperado y despojado de todo, quedamos desconfiscados para esa aventura de avanzar juntos.
Hoy te prometo hacer de Dios un ídolo liviano, que mis huesos no representen la cárcel de mi pensamiento y que esta necesidad y este deseo sean tan peligrosos que valga la pena jugarse y atreverse, que quedarse y morir.
Pecho, leche y miel, ha dicho alguien; por las palabras llegamos a la belleza de las cosas. Tus palabras evocan, conjuran, conmueven, despejan, aseguran, son claras como el agua, no ocultan ni mienten. Simplemente son verdades para ti y así lo expresas.
Cambiemos el mito de la pasividad: el tipo de mujer que eres, no es la que dormida espera al príncipe para que la despierte. Eres más real que todo eso; no eres fragmento sino complemento, eres plural siendo unidad, sencilla en tu complejidad, transparente para el mundo que te quiere y necesita.
Y si alguna falla asoma, es solamente para confirmar la perfección que encarnas y que probablemente no sea falla, sino alegría de cuna, crianza y alimento; pócima renovadora de mi aliento.
Acaso sea yo a quien despertaron con un beso.

1 comentario:
Amor, como dices que no soy de tardarme, te digo: la agradecida soy yo. Creo que estos años nos han hecho mas sabios y el saber compartir es simplemente una virtud que construimos juntos.
Gracias, siempre me escribes muy lindo y no dejas de sorprenderme.
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